lunes, 17 de marzo de 2008

Querido Amigo

Te escribo desde mi cruz a tu soledad, a ti, que tantas veces me miraste sin verme y me oíste sin escucharme. A ti, que tantas veces prometiste seguirme de cerca y sin saber por qué te distanciaste de las huellas que dejé en el camino para que no te perdieras .A ti, que no siempre crees que estoy contigo, que me buscas sin hallarme y a veces pierdes la fe en encontrarme, a ti, que a veces piensas que soy un recuerdo y no comprendes que estoy vivo.
Yo soy el principio y el fin, soy el camino para no desviarte, la verdad para que no te equivoques y la vida para no morir. Mi tema preferido es el amor, que fue mi razón para vivir y para morir. Yo fui libre hasta el fin, tuve un ideal claro y lo defendí con mi sangre para salvarte. Soy maestro y servidor, soy sensible a la amistad y hace tiempo que espero que me regales la tuya. Nadie como yo conoce tu alma, tus pensamientos, tu proceder, y sé muy bien lo que vales. Sé que quizás tu vida te parezca pobre a los ojos de Dios, sé que tienes mucho para dar, y estoy seguro que dentro de tu corazón hay un tesoro escondido, conócete a ti mismo y me darás un lugar a mí...Si supieras cuánto hace que golpeo las puertas de tu corazón y no recibo respuesta. A veces también me duele que me ignores y me condenes, otras que me niegues y otras tantas que me traiciones.
Y hoy te pido paciencia para tus padres, tolerancia para los ancianos, comprensión para todos tus hermanos, compasión para el que sufre, servicio para todos. Quisiera no volver a verte egoísta, orgulloso, rebelde, disconforme, pesimista...Desearía que tu vida fuera, alegre joven y cristiana.
Cada vez que aflojas, búscame, y me encontrarás y cada vez que te sientas cansado, háblame, cuéntame. Cada vez que creas que no sirves para nada no te deprimas, no te creas poca cosa, no olvides que yo necesité de un asno para entrar en Jerusalén y necesito de tu pequeñez para entrar en el alma de tu prójimo.
Cada vez que te sientas solo en el camino, no olvides que estoy contigo. No te canses de pedirme que yo no me cansaré de acompañarte, nunca te dejaré solo. Aquí a tu lado me tienes, estoy para ayudarte.
Te quiero mucho tu amigo
JESÚS



"En las grandes crisis, es lo natural que nos olvidemos de la Fe, de Dios; se diría que abrazados a nuestro dolor, ya ni tan siquiera pensamos.
No es Dios quien nos abandona, sino nosotros a Él.
La salvación está en abrirse al Espíritu Santo, entregándose a su guía e inspiración... "

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo, a veces somos nosotros quienes lo abandonamos. Gracias por compartir este pensamiento.

Anónimo dijo...

Muy llegador el pensamiento :-)